Los candados de Moccia

En su novela Tres metros sobre el cielo, el escritor italiano Federico Moccia ubica a la joven pareja protagonista en el puente Milvio, de Roma. Allí, se juran amor eterno colgando un candado a una de las columnas del puente, y tirando la llave al río Tíber.

Ese gesto nimio, ese aleteo de la mariposa generó el tsunami juvenil que arrastró a miles de parejas a imitar la acción en centenares de puentes del mundo,  jurándose amor eterno y enriqueciendo a ferreterías y cerrajerías.

Este señor seguramente no calculó las consecuencias de su afiebrada creatividad, más bien parece divertirse con la expansión de la idea. “La gente tiene ganas de hacer locuras con el amor” dijo en Barcelona, y agregó que pretendía “encontrar una solución a los grafitis que ensuciaban las paredes de las ciudades”. Y pensó que era una buena idea sellar el vínculo con un candado y tirar la llave al río como promesa de amor. Curando un virus con otro bacilo…

Moccia, en declaraciones al Il Messagero, fue más lejos: «el puente Milvio no tenía nada de atractivo y los candados le han dado color».

Seriamente, si hay edificaciones que han sobrevivido a bombardeos, crisis económicas, huracanes, etc., no dejemos que estos caprichos pasajeros las pongan en peligro, nuestras generaciones de ciudadanos, viajeros o residentes, nos lo agradecerán.